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el sabroso oficio / del dulce mirar Góngora – ¡Qué difícil es entender la belleza! Günter Eich

lunes, 11 de diciembre de 2017

Boy Gê Mendes - Beijo de longe




Boy Gê Mendes nos obsequia con Beijo de longe ("Beso de lejos"). El álbum, Lagoa, es de 1998.






"Choros", un tema que pudimos escuchar en septiembre.


Nota. El criollo caboverdiano es un idioma originario del archipiélago de Cabo Verde. Es una lengua criolla con base léxica en el portugués y un sustrato de lenguas africanas, originada en la época de la colonización portuguesa.

(Wikipedia)



Erri De Luca - Cincuenta



CINCUENTA

Desde Turín enseñaban a hacer una radio por correspondencia,
el tendero vendía las judías en sacos y las aceitunas en cartuchos.
Era pecado estropear los zapatos, jugar con ellos a la pelota,
mejor descalzos. Las personas gritaban incluso desde cerca.
Una vez a la semana albóndigas en su jugo,
el aceite de hígado de bacalao lo curaba todo.
El sol llegaba por la tarde, el cielo era un hospicio de santos,
el mar un paseo de domingo.
Nadie decía: no tengo palabras. Con el dialecto las tenía todas.
Todo era napolitano, incluso las cartas de juego.
Los soldados no, eran americanos.
Los dientes caídos no regresaban,
el frío mataba a los ancianos, febrero era el nombre de una epidemia.
Entre aquellos a los que conocía, no faltaba ninguno, no había muertos.
La cosa más hermosa que podías ver era un barco,
la más preciosa, una librería.

Erri De Luca

Sólo ida. Poesía completa (Erri De Luca). Edición bilingüe. Traducción y prologo de Fernando Valverde. Seix Barral, 2016.


Nota de El transcriptor. Me chirrían un poco esas “albóndigas en su jugo” y esas “cartas de juego”. Por mi parte, sugiero “albóndigas en salsa” y “cartas” o “naipes”. Ospizio significa también “asilo” en italiano.


CINQUANTA

Da Torino insegnavano a fare una radio per corrispondenza,
il droghiere vendeva i fagioli nei sacchi, le olive nel cartoccio.
Le scarpe era peccato di sciuparle, di gocarci a pallone,
meglio scalzi. Le pesone gridavano anche da vicino.
Le polpette al sugouna volta a settimana,
l’olio di fegato di merluzzo curava tutto.
Il sole arrivava di pomeriggio, il cielo era un ospizio di santi,
il mare una passeggiata di domenica.
Nessuno diceva: non ho parole. Col dialetto le teneva tutte.
Tutto era napoletano, pure le carte da gioco.
I soldati no, erano americani.
I denti caduti non ritornavano, il freddo ammazzava gli anziani, febbraio ersa il nome di una epidemia.
Tra quello che sapevo, nessuno mancava, non c’erano i morti.
La cosa piú bella da vedere era una nave,
la piú preziosa era una libreria.


Erri De Luca (Nápoles, 1950)


(Fotografía: Mario Cattaneo - Nápoles, 1950)


domingo, 10 de diciembre de 2017

Izet Sarajlić y Manuel Rivas, de la mano



Cuando hace poco se dictó la sentencia contra Ratko Mladic, quise publicar algún poema del filósofo, ensayista, traductor y poeta bosniaco Izet Sarajlić (1930 - 2002), pero no encontraba una antología suya que yo tenía, publicada por Valparaíso Ediciones (Sarajevo. Selección y prólogo de Fernando Valverde. 2013). Finalmente, apareció hace tres o cuatro días, y hoy leo la crónica de Manuel Rivas en El País, titulada ¿Quién cubre el turno de noche? Esas casualidades…



LA SUERTE A LA MANERA DE SARAJEVO

En Sarajevo,
en esta primavera de 1992,
cualquier cosa es posible.

Estás en una cola para comprar el pan
y despiertas en un hospital
con una pierna amputada.

Después, incluso reconoces que has tenido mucha suerte.



A LOS AMIGOS DE LA EX YUGOSLAVIA

¿Qué nos ha sucedido a todos, amigos?
No sé qué hacéis ahora.
Qué escribís.
Con quién bebéis.
Qué libros leéis.
No sé siquiera
si todavía somos amigos.


El poeta italiano Erri De Luca y su amigo Izet Sarajlić 


¿Quién cubre el turno de noche?

Tras la sentencia que condenó a Ratko Mladic, conocido por el Carnicero de Srebrenica, juzgado por genocidio por el Tribunal Internacional para la ex Yugoslavia, en La Haya, lo primero que me vino a la cabeza fue una pregunta del historiador judío estadounidense Hayim Yerushalmi: “¿Es posible que el antónimo de ‘olvidar’ no sea ‘recordar’ sino ‘justicia’?”. Esta vez, la respuesta no era un enmudecimiento. Se ha hecho justicia. Es la impunidad, la suspensión de las conciencias y la indiferencia decretada lo que activa la memoria histórica. Sí, es posible que el antónimo del olvido sea la justicia y que lo que impide descansar a la memoria sea la injusticia. En España lo sabemos muy bien. ¿O no?

Sí, esta vez se ha hecho justicia. Así que me olvidé del verdugo Mladic y me fui por el túnel de un poema a abrazar a Izet Sarajlic. Estaba en el cementerio, bajo la lluvia, al lado de la tumba de su esposa, muerta justo al terminar la guerra: “¡Cuánto me gusta empaparme junto a ti!”.

Se habían amado como nunca durante el sitio de Sarajevo, el más largo de los asedios, cuatro años en vilo (1992-1996), 12.000 muertos y más de 50.000 heridos. Izet Sarajlic, fallecido en 2002, era antes de la guerra un célebre poeta bosnio, el más traducido de la desaparecida Yugoslavia. Doctor en Filosofía, figura universitaria, académico. Cuando empezaron a caerse las vigas del cielo, podría ser de los primeros en zafar del infierno. ¿Y quién iba a reprochárselo? Muchos lo hicieron. Pero Izet se quedó. Cada día se jugaba la vida en las colas del pan o del agua. Y la poesía también era una forma de apostar la cabeza. No es una metáfora. En la oscuridad helada, sin luz ni calefacción, los poetas de Sarajevo daban recitales al pueblo de la noche. Mantenían vivos los cuerpos de las palabras.

Terminada la Guerra Mundial, el filólogo judío alemán Victor Klemperer, un superviviente, tuvo un encuentro casual con una mujer berlinesa, no hebrea, que le contó que había estado en prisión durante el nazismo. “¿Por qué estuvo usted en la cárcel?”. Y ella contestó: “Pues por ciertas palabras”. Esa respuesta sencilla y genial, “por ciertas palabras”, empujó a Klemperer a escribir una obra en verdad imprescindible. La LTI (Lingua Tertii Imperii) o La lengua del Tercer Reich. Es la historia mejor contada de la mutilación de las palabras para imponer un “orden” criminal.

Cuando el poder abusivo somete al lenguaje, cuando contagia todo de arenga, desaparece lo que Esther Cohen denomina “la posibilidad de la aventura”. Ese es el meollo. En la literatura y en la vida.

Lo extraordinario de Izet, y de gente como Izet, es que custodiaron la libertad de las palabras, la posibilidad de la aventura, en el imperio de la destrucción. Sobre aquel tiempo de asedio, Izet Sarajlic escribió una carta con el escritor italiano Erri De Luca: “¿Quién cubre el turno de noche para impedir el secuestro del corazón del mundo? Nosotros, los poetas”.

Me parece una pregunta extraordinaria: “¿Quién cubre el turno de noche?”.

Ahora, la antología en castellano de Sarajlic, con el título Después de mil balas (Seix Barral, noviembre de 2017), se abre con una semblanza del propio Erri De Luca que es uña y carne de los poemas. De ambos, de Izet y Erri, decían que eran como los hermanos Grimm: “En el siglo más zarandeado y desbocado de la historia humana, nos dedicábamos a escribir cuentos”.

Hay una poesía de Antonio Machado tan estremecedora que resume todo el horror de una guerra, esa en la que podemos sentir a través del tiempo un bombardeo sobre la población civil y el peor destrozo: La muerte del niño herido. Allí donde dice:

“Invisible avión moscardonea

—¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía? El cristal del balcón repiquetea.

—¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría!”.

Izet le llevó la contraria a la guerra de otra forma. Frente al tableteo de las armas, él tecleaba muchas veces, como una provocación histórica, la repudiada palabra “amor”. Ante un incesante bombardeo nocturno, va y escribe: “Una noche como ésta inconscientemente te preguntas cuántas noches de amor te quedan”. Caen las granadas y una de ellas está a punto de alcanzar el poema: “Ha sido lanzada desde el Mrkovici / donde antes de la guerra /cogía margaritas /con la mujer que amo”.

Machado e Izet, cada uno a su manera. Así es la gente del turno de noche en el corazón del mundo.


Manuel Rivas

(El País, 10 de diciembre de 2017)


El poema de Machado que cita Rivas:


LA MUERTE DEL NIÑO HERIDO

Otra vez en la noche... Es el martillo
de la fiebre en las sienes bien vendadas
del niño. —Madre, ¡el pájaro amarillo!
¡Las mariposas negras y moradas!

—Duerme, hijo mío. —Y la manita oprime
la madre, junto al lecho. —¡Oh, flor de fuego!
¿Quién ha de helarte, flor de sangre, dime?
Hay en la pobre alcoba olor de espliego;

fuera, la oronda luna que blanquea
cúpula y torre a la ciudad sombría.
Invisible avión moscardonea.

—¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía?
El cristal del balcón repiquetea.
—¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría!


Hora de España (Barcelona), n.º XVIII, junio 1938, p. 7.



Imagen del sitio de Sarajevo (*)




Nelson Freire - Alma brasileira (Villa-Lobos)




El Choro nº 5, de Heitor Villa-Lobos, conocido como Alma brasileira, interpretado por Nelson Freire en la Embajada de Brasil en Roma (29-4-2011).




Clarice Lispector - "Se eu fosse eu"

 Clarice Lispector


Clarice Lispector nació el 10 de diciembre de 1920 en Chechelnik, Ucrania y murió el 9 de diciembre de 1977 en Río de Janeiro.


Quando eu não sei onde guardei um papel importante e a procura revela-se inútil, pergunto-me: se eu fosse eu e tivesse um papel importante para guardar, que lugar escolheria? Às vezes dá certo. Mas muitas vezes fico tão pressionada pela frase "se eu fosse eu", que a procura do papel se torna secundária, e começo a pensar, diria melhor SENTIR.

E não me sinto bem. Experimente: se você fosse você, como seria e o que faria? Logo de início se sente um constrangimento: a mentira em que nos acomodamos acabou de ser LOCOMOVIDA do lugar onde se acomodara. No entanto já li biografias de pessoas que de repente passavam a ser elas mesmas e mudavam inteiramente de vida.

Acho que se eu fosse realmente eu, os amigos não me cumprimentariam na rua, porque até minha fisionomia teria mudado. Como? Não sei.

Metade das coisas que eu faria se eu fosse eu, não posso contar. Acho por exemplo, que por um certo motivo eu terminaria presa na cadeia. E se eu fosse eu daria tudo que é meu e confiaria o futuro ao futuro.

"Se eu fosse eu" parece representar o nosso maior perigo de viver, parece a entrada nova no desconhecido.

No entanto tenho a intuição de que, passadas as primeiras chamadas loucuras da festa que seria, teriamos enfim a experiência do mundo. Bem sei, experimentaríamos enfim em pleno a dor do mundo. E a nossa dor aquela que aprendemos a não sentir. Mas também seríamos por vezes tomados de um êxtase de alegria pura e legítima que mal posso adivinhar. Não, acho que já estou de algum modo adivinhando, porque me senti sorrindo e também senti uma espécie de pudor que se tem diante do que é grande demais.


Clarice Lispector